¿QUIÉN GANA CON LA VIOLENCIA?

Por Fernando Elías*

En diferentes ocasiones y por diversos medios he apuntado que uno de los objetivos de los comunicadores debería ser evitar el sensacionalismo y no fomentar la confrontación de los actores sociales y políticos con el fin de ganar rating, likes, audiencia, fama, etc.

Hoy sin embargo me parece que ese llamado se hace necesario extenderlo a toda la sociedad y en especial a los actores políticos.

La violencia verbal de los políticos, ahora vestidos con el traje de precandidatos, que hacen suponer que hay enemigos en los rivales políticos manifiesta una clara negación al espíritu democrático que debería ser la guía de cualquiera persona en su búsqueda por representar a un grupo de la sociedad y más aún a la nación.

La población vive harta de la impunidad, la falta de seguridad y la complicidad que hay entre delincuencia organizada y gobernantes. El aumento en los intentos de linchamiento a presuntos delincuentes y las expresiones de júbilo que se extienden en las redes sociales celebrando lo mismo el asesinato de un delincuente o de un político, no hacen sino de mostrar hasta que nivel se han degradado nuestros valores cívicos, éticos y humanos. A esa violencia habría que agregar la violencia económica que tiene en la miseria a más de la mitad de la población.

Si a la hoguera del hartazgo le sumamos el combustible del discurso intolerante, si a la predica divisoria entre “buenos y malos” le añadimos el “si no estás conmigo estás contra mi” estaremos ante el inicio de una espiral de violencia generalizada que solo es conveniente a quienes abanderan políticas autoritarias y por ello antidemocráticas.

La política es el instrumento que mediante reglas claras nos permite convencer, hacer alianzas, negociar para avanzar y ganar en procesos democráticos, pero nunca imponer. La violencia de cualquier tipo rompe con cualquier posibilidad de hacer política y los únicos que ganan son aquellos que en su afán autoritario buscan imponerse a cualquier costo.

No es un diferendo ideológico ni mucho menos de principios, es una estrategia que permite dominar al que piensa diferente a partir de la utilidad del miedo y lo mismo es útil para un mesías que para la plutocracia. El problema es que al echar los perros a pelear abre paso a que las jaurías descontroladas acaben incluso con los propios amos.

Lo que no ha entendido la izquierda, o lo que queda de ella es que, en este momento histórico, no estamos frente a una disyuntiva que confronte proyecto de nación o régimen distintos. Estamos ante la disputa del poder entre grupos de poder económico representados por grupos de poder político cuyo origen se encuentra en el PRI. La intelectualidad mexicana también ha caído en la pobreza extrema al no aportar mecanismos novedosos a la crisis de confianza y fortalecimiento de la vida democrática de nuestro país o por lo menos incorporar sus planteamientos en la agenda política nacional.

Es importante la caracterización porque de ello depende la forma de abordar el análisis, las propuestas, las acciones, las alianzas, etc. Hoy ese a sido el dilema y por ello vemos una serie de traspiés en muchos “compañeros” que se encuentran perdidos en la salvaje oleada de cambios de uno y otro candidato, y de uno a otro partido. Saber en que parte de la ola se encuentra uno, permite saber que posición tomar para hacer avanzar nuestra propia agenda y no caer en medio de la nada.

La violencia encrespa el mar y hace mucho más difícil poder sostener posiciones de avanzada. ¿Quiénes ganan entonces? Ganan los que disfrazados de defensores de principios o garantes de la institucionalidad al confrontarse se culpan unos a los otros para al final no hacer nada, porque la inmovilidad les permite no cambiar nada.

El problema es que esa violencia se ha generalizado hasta la perversión en la sociedad y ha encarnado en la toma de justicia por propia mano. Por ello ahora es natural entre la población alabar y defender a un “justiciero” y congratularse por el asesinato de un político.

Entendiendo el momento y las circunstancias que se viven es tiempo de parar cualquier pretensión de usar la violencia confrontativa en las campañas como mecanismo de presión política. Es momento de llamar a las representaciones electorales y gobiernos en todos los niveles, así como a la sociedad civil a encontrar las bases mínimas que garanticen el respeto a las reglas e instituciones que hoy tenemos y el compromiso de que, terminado el proceso electoral, gane quien gane, se inicie el proceso de revisión de aquellas reglas e instituciones que ya no pueden continuar como actualmente se encuentran.

Hago votos porque la racionalidad impere y la sociedad encuentre alternativas que no sean violentas para canalizar las muchas frustraciones que tenemos.

*Fernando Elías es Presidente de la Delegación Norte del Estado de México de la Asociación Nacional de Locutores de México