El evangelio apócrifo de Elías

AMLO: SUS DECISIONES

Por Fernando Elías*

Andrés Manuel López Obrador (AMLO) sin duda ha sido un político carismático y popular entre la población mexicana, sobre todo de los estratos económicos más bajos y de aquella clase media ilustrada e informada que no ha visto mejoras en sus expectativas sociales y económicas.

Más allá de pretender denostar al político se hace necesario revisar los hechos que determinan el acontecer actual de la política mexicana y su devenir en los próximos meses y años con el fin de determinar alcances, posibles escenarios y más aún, tratar de revertir aquellos errores que afectan a las fuerzas progresistas del país.

1.- El proyecto político de nación que enarbola AMLO es personal y se basa en la creencia, de él y sus correligionarios, de que solamente AMLO garantiza el cambio, lo que sea que signifique esa palabra.

Veamos, en la campaña de 2006 puso mayor interés en atraer para si mismo y no para el PRD, partido que lo impulsaba en aquel tiempo, a viejas personalidades del ámbito político sin importar el origen partidario. De esa manera vemos un equipo de campaña alterno al del partido y que conformaban Manuel Camacho Solís, Socorro Díaz Palacios, Ricardo Monreal Ávila, Leonel Cota Montaño y Marcelo Ebrard. Todos ellos tenían en común además de haber sido priístas, que habían formado parte del grupo de Carlos Salinas de Gortari.

No importaba hacer estructura partidaria, importaba generar apoyos de la clase política predominante hacia su persona. Hoy que tiene su propio partido la necesidad de encubrir al verdadero grupo de consejeros no se hace necesaria.

Hábilmente a logrado atraer para si mismo a personalidades de diversos orígenes e incluso a adversarios de algún momento en su trayectoria. Pero sus acuerdos son tan superfluos y tan ambiguos que no los traduce a un esquema de organización partidaria ni los impulsa dentro de un proyecto de trasformación organizacional del Estado. De esa manera no tiene obligación con ellos.

Pero tampoco le interesa generar organización social, solamente la de estructura electoral y pagada para que el compromiso con los representantes quede saldado con el pago económico. No le interesa ir más allá en la organización de la sociedad porque así tampoco genera compromisos sociales que después le pueden reclamar. No genera organización porque no quiere tener compañeros de partido sino seguidores, simpatizantes, club de fans.

Sabedor del efecto carismático de su persona nunca ha pretendido generar liderazgos partidarios que le hagan contrapeso, así fue durante toda su gestión al frente del antes Gobierno del Distrito Federal (GDF).

Andrés no está dispuesto a asumir acuerdos, alianzas o disciplinarse por ello no acepta la institucionalidad establecida y mucho menos construye una porque perdería margen de acción y decisión.

2.- AMLO no es de izquierda ni democrático.

Contra todo lo que se dice del político tabasqueño, Andrés no ha planteado nunca ser de izquierda, sus posiciones pragmáticas así lo confirman. Se dice Juarista y se compara con él, se dice seguidor de Cristo, pero no católico y se le ve activo en actos religiosos, se plantea redentor de los débiles y desprotegidos, se dice constitucionalista “de la de 1917” y no es socialdemócrata porque no toma en cuenta el factor imprescindible del Congreso. En resumen, su posición ideológica se llama AMLO.

Nunca ha planteado la necesidad de un cambio de régimen ni desmantelar la estructura clientelar que tienen los programas sociales, por el contrario, promueve reforzarlos y ampliarlos, a lo más a propuesto un cambio regional de sedes de las diferentes Secretarías de Estado. La gata revolcada, pero en otros estados de la república.

Los espectáculos bochornosos para la gente de izquierda que sigue al caudillo con el afán de obtener una posición y seguir – “luchando”-, dicen ellos, cuando se hacen las votaciones sumarias a mano alzada en una plaza pública, o cuando se toman decisiones basadas en sondeos disfrazados de encuestas para “legitimar” las decisiones del líder nacional. Todo ello no puede ser catalogado como un proceso democrático.

3.- AMLO no suma, divide. No integra, somete. A lo largo de su trayectoria política ha logrado dividir para asumirse como mediador y garantizar sus propias posiciones. Ha usado el poder social de otros para su propio beneficio, así vemos como Bejarano y su corriente al interior del PRD tiene preponderancia en la conformación del gobierno de Andrés en la Ciudad de México. A pesar de las acusaciones de corrupción en su contra la complicidad es tanta que hoy, después de un largo destierro, Bejarano y compañía regresa con AMLO y se “integra” a Morena. Sus pecados han sido perdonados por el candidato de la morenita.

La congruencia no le importa, aunque use el concepto para atacar a sus oponentes, a los que él llama “la mafia del poder” y cuyos miembros antes acusados y hoy allegados les perdona y los exime de todos sus errores. Hoy AMLO es la expresión más acabada del populismo de derecha, su alianza electoral con el ultraderechista Partido Encuentro Social y sus silencios ante los derechos de las minorías étnicas y sexuales, sus posiciones ante los problemas de seguridad pública, la posible amnistía al crimen organizado y su coincidencia con Peña Nieto en cuanto al mando único lo hacen fiel representante de ese polo. Pero no es lo único, en su propuesta de integración de gabinete ha llegado al extremo de proponer a un hombre como Víctor Manuel Villalobos un impulsor del uso de transgénicos en el campo y homologar los ideales de Morena con el PES: “No hay diferencia de fondo en lo político, en lo que yo represento y lo que inspira a Encuentro Social”: AMLO.

Y no le importa la falta de congruencia porque lo verdaderamente importante es su objetivo: Ser presidente de la república. No importa el cómo ni quiénes le ayuden mientras no se vea comprometido. A Andrés le conviene un electorado sin lealtades partidarias, pero si con lealtad a su persona, porque lo vuelven útil para la movilización electoral, pero al mismo tiempo dúctil a la hora de la “defensa del voto”. Ahí puede decidir movilizarse o no dependiendo de la necesidad coyuntural.

4.- El presente artículo se iba a llamar “Los errores de AMLO” pero conforme se investigaba, recordaba y redactaba la duda se fue disipando. ¡No! Andrés no se ha equivocado, las decisiones que ha tomado son frías, calculadas y responden al fin propuesto. De ahí que nunca pretendiera hacer organización partidaria con el PRD, no construyó alianzas con el fin de armar una corriente interna sino que espero el momento oportuno para hacerse de su propio instrumento electoral, MORENA; No ha pretendido crear organización social a partir de su propio partido porque no desea efervescencia electoral, ni movimiento social organizado ya que de manera natural los movimientos generan liderazgos y eso a él no le conviene; El ensayo electoral del Estado de México deja varias enseñanzas claras: la capacidad de movilización electoral a partir del hartazgo ciudadano que tiene la propia figura de AMLO y la soberbia de no pretender negociación alguna para conformar alianzas.

Es evidente que AMLO cree firmemente que si no es él nadie más puede emprender la lucha contra la corrupción y la transformación del país. Aunque no pretende tocar el régimen su discurso antisistémico le rinde frutos ante un electorado que no tiene alternativas para expresar su malestar contra la clase política, incluyendo al propio Andrés.

Esa soberbia le ha impedido asegurar un triunfo rotundo para el 2018. Todo es preferible antes que negociar su propio poder. El polo progresista – PRD, MC, PT y MORENA – le hubiera significado la presidencia de la república, pero también una serie de compromisos programáticos y de posiciones en los Estados, Gabinete y Cámaras. Posiciones que estarían fuera de su control aún siendo presidente. Por eso no permitió la alianza en el Estado de México, por eso boicoteo todos los esfuerzos de conformar un frente de los partidos progresistas o de “izquierda”.

Una pregunta entonces adquiere relevancia ¿para qué quiere AMLO llegar a la presidencia sin contrapesos ni compromisos?

Como no se trata de hacer premoniciones ni jugar al divino dejemos que la respuesta se de primero en las urnas y luego…esperemos que no haya un luego.

*Fernando Elías es Presidente de la Delegación Norte del Estado de México de la Asociación Nacional de Locutores de México